Día de la Solidaridad: mirar, dejarnos interpelar y actuar

En el marco del Día de la Solidaridad, nuestra comunidad educativa vivió una jornada dedicada a recordar el legado de San Alberto Hurtado, renovando la invitación a mirar nuestra realidad con atención y a comprometernos con quienes más lo necesitan.

La jornada comenzó en el Ciclo Loyola, donde nuestros estudiantes más pequeños participaron de una liturgia muy especial. Hasta la capilla llegó una visita que sorprendió a grandes y chicos: el Padre Hurtado, a bordo de su tradicional camioneta verde, llegó para recibir las donaciones que nuestros estudiantes prepararon como signo concreto de solidaridad. Durante el encuentro, conversamos sobre el sentido de compartir y ayudar a los demás, siguiendo el ejemplo de San Alberto, quien supo mirar la realidad de su tiempo y no permanecer indiferente frente al dolor.

En sintonía con la campaña “Ven y Verás”, los estudiantes fueron invitados simbólicamente a ponerse los lentes amarillos para recordar que la solidaridad comienza también por cambiar nuestra mirada: detenernos, observar, reconocer las necesidades que existen a nuestro alrededor y dejarnos interpelar por ellas. La campaña de este año invita justamente a mirar la realidad con los ojos de San Alberto Hurtado, una mirada capaz de reconocer los dolores, las necesidades y las oportunidades de encuentro.

Durante el resto de la jornada, los distintos cursos del colegio participaron en Eucaristías por grupos, generando espacios de encuentro y oración para conmemorar a San Alberto Hurtado y celebrar el Día Nacional de la Solidaridad.

En cada celebración estuvo presente la historia y el legado de San Alberto, poniendo especial énfasis en su corazón inquieto, en su capacidad de dejarse conmover por la realidad y, sobre todo, en su disposición a actuar frente a ella. Como hombre ignaciano, su vida nos recuerda que la fe nos invita a mirar el mundo con atención, a reconocer aquello que necesita ser transformado y a preguntarnos qué podemos hacer para contribuir a ello.

San Alberto Hurtado no pasó indiferente por el mundo. Vio, se dejó interpelar y salió al encuentro de quienes necesitaban ayuda. Ese es también el llamado que queremos transmitir a nuestros estudiantes: que sean hombres y mujeres capaces de mirar más allá de sí mismos, de no hacer la vista gorda frente a las realidades que los rodean y de poner sus talentos y capacidades al servicio de los demás.

Porque educar en la solidaridad es también formar ignacianos que miran, que se dejan tocar por la realidad y que se comprometen a transformarla. En este Día de la Solidaridad, como comunidad educativa, renovamos la invitación a seguir los pasos de San Alberto Hurtado y a preguntarnos, cada día, qué podemos hacer para hacer la diferencia.

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